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Documentos RyP: Entrevista a Sergio Ramírez Mercado

El laureado novelista nicaragüense Sergio Ramírez Mercado hoy está en la noticia mundial, en cuanto perseguido del dictatorial gobernante Daniel Ortega. Lo notable es que, hace cuatro décadas, tras la caída del dictador Anastasio Somoza, Ramírez fue vicepresidente del mismo Ortega. Esto hace interesante conocer la entrevista exclusiva, de 1985, que diera al actual director de RyP para la revista Caretas. En ella ya se percibían las diferencias políticas profundas entre ambos personajes. A continuación algunos extractos.

“Estamos en pie de guerra”, dice Sergio Ramírez

NICARAGUA Y LOS VOLUNTARIOS

Entrevista exclusiva de José Rodríguez Elizondo

Sergio Ramírez Mercado, 42, es vicepresidente de Nicaragua y no pertenece a la cúpula verde-oliva de comandantes: es novelista. De inteligencia fría y pragmática, su misión es activar el principio de no intervención en Latinoamérica ante el riesgo de una invasión de los Estados Unidos. Muestra una disposición corajuda para enfrentarse a un interrogatorio que, sin concesiones, incide en los errores y excesos de los propios sandinistas.

–Hay un punto muy focalizado de conflictos con los EE.UU: Reagan ha dicho que incrementaría su rigor si Uds. adquieren aviones Mig 21. Daniel Ortega, entrevistado por Newsweek, ha dicho que no renuncia a tal tipo de armamento. A sabiendas de que esto puede ser el detonante de una invasión, ¿traería Ud. esos aviones a Nicaragua en este momento?

– Depende de si los necesitamos o no. No podemos renunciar al derecho, propio de cualquier país soberano, de importar las armas que se necesiten para la defensa. Por eso, yo no diría que es un punto ultimo de la confrontación, sino parte de una opción nuestra, como país soberano

(Para el entrevistado, Nicaragua vive hoy el momento más critico de su prolongado conflicto con los EE.UU. Reagan, antes de ser conocida la grave enfermedad que lo aqueja, había logrado vencer la resistencia del Congreso y ahora estaría en juego la resistencia de la opinión pública, sin intermediación parlamentaria. Como dicha opinión –según Ramírez– se ha mostrado tercamente opuesta a un involucramiento militar de los EE.UU. en Centroamérica, Reagan ha optado por vincular el sandinismo con el terrorismo, aprovechando la sensibilidad a flor de piel que quedó tras el secuestro en Beirut del aparato de la TWA. “Si a través de este infundio logra cambiar a los norteamericanos, nosotros estaríamos en una situación muchísimo más critica. Pero, ¿acepta Ramírez que los últimos errores de su presidente Daniel Ortega –reciente viaje a Moscú, ataque a Alemania Federal desde Alemania Democrática y tratamiento “rudo” a Reagan en presencia de Felipe González en Madrid– están facilitando la tarea del gobierno norteamericano?... En principio, el vicepresidente “nica” reconoce la posibilidad de errores, sin identificarlos y enfatiza que lo principal es “la intransigencia extrema con que trata Reagan el caso de Nicaragua”. El eje de su política parece ser la venganza –acota- y el mismo se ve como una especie de Silvestre Stallone en el papel de Rambo).

– Pero, si es tan clara la línea de la superpotencia, ¿para que facilitarle el camino? Los alemanes federales pueden tener un gobierno de derecha o centroderecha y ser estratégicamente aliados de los EE. UU, pero se han opuesto a una eventual intervención directa de Nicaragua. ¿Por qué atacarlos, entonces, desde la RDA?

– Veamos los tres casos señalados. Primero, sobre el viaje del Presidente Ortega a la URSS, nosotros difícilmente podemos elegir una “oportunidad política” cuando se trata de la supervivencia del país. Fuimos en busca de petróleo.

– ¿México suprimió su abastecimiento?

– Nos da una parte del que necesitamos, pero de Venezuela no recibimos nada. Por dificultades financieras, porque estamos en deuda, por lo que Ud. quiera.

– ¿Y tenía que ir a Moscú el presidente del país, por esta gestión política petrolera?

– Nosotros no tenemos con la URSS un tipo de relación como para levantar un teléfono y decirles que necesitamos petróleo. No estamos ligados ni política ni económica ni militarmente a la URSS como para esperar una respuesta automática. Esa visita se había convenido desde antes. La votación de la Cámara de Representantes se dio después. No es que nosotros provocadoramente, hayamos respondido con el viaje del presidente Ortega. Y tampoco se puede improvisar un viaje a la URSS de un día para otro. Acepto que, por sus consecuencias, fue una circunstancia desafortunada. Inevitable para nosotros.

(El escandalo por ese viaje ya se ha producido, cuando viene el ataque al gobierno de Kohl. ¿Cómo lo explica Ramírez?... Dificultosamente, por cierto. Señala que la relación con el actual gobierno de Bonn ha sido ardua, porque, junto con Gran Bretaña, se ha alineado con la política de Reagan hacia Centroamérica. Así, ha cortado a Nicaragua crédito y asistencia técnica, por razones políticas. El vicepresidente agrega que el mismo tomó la iniciativa de rebajar la tensión, en un momento estratégico: “Yo tuve oportunidad de discutir esto con el canciller Genscher, en Bonn, después de las declaraciones de Ortega”. Agrega, en todo caso, que “este asunto de la confrontación verbal no era solo responsabilidad nuestra, pues ha habido funcionarios de alto nivel en la RFA – menciona al ministro de Cooperación Exterior– que nunca han desperdiciado la oportunidad de atacar, en el mismo lenguaje, a Nicaragua”. Estima Ramírez que el conflicto ya está superado).

– ¿Y qué sobre el tercer traspié de Ortega en su gira, cuando trató de “nazi” y “asesino” a Reagan delante de Felipe González, líder que cuida mucho sus relaciones con los EE.UU.? Felipe, justamente, está defendiendo la permanencia de España en la OTAN y eso debe haber consolidado su tibieza en la apreciación del problema nicaragüense.

– No estaría muy de acuerdo con esa apreciación. En esa ocasión se trató de una conferencia de prensa conjunta –lo cual ya era una iniciativa política– y el gobierno español conoce nuestra relación con los EE.UU. Que, evidentemente, no es la misma que España tiene o quiere tener. El hecho es que nosotros decimos que Reagan está usando con Nicaragua una política parecida a la del exterminio nazi. Políticas genocidas, terrorismo de Estado alentado por un gobierno que mantiene relaciones diplomáticas con nosotros.

– Cada gobierno es soberano para plantear sus posiciones, pero, dada la ocasión, aquello creó un problema diplomático.

Acepto que eso podría ser una sutileza diplomática. Pero está dentro de la tensión en que estamos viviendo contra nuestra voluntad. Pero no podría aceptar que, como consecuencias de esto, se produzca un enfriamiento en la relación con España.

– Le voy a leer algo que dijo Felipe en agosto de 1984: “Me preocupa profundamente esa radicalización; me parece negativa esa falta de respeto a la opinión de los demás (…) lo que ocurrió en Nicaragua hace cuatro años fue una revolución de esperanza y yo todavía tengo la esperanza de que se recupere ese proyecto original”. Cualquier analista de cancillería puede reconocer, acá, una opinión critica ante el proceso que Uds. conducen. Además, últimamente, Uds. están buscando la participación de la Francia de Mitterrand en las negociaciones de paz. ¿Hay alguna relación entre estas cosas?

– Son dos cosas diferentes. Yo le podría comparar esa cita con otras de Felipe González que muestran un apoyo mas diáfano a la revolución. Pero ese no es el problema. Nosotros no salimos a vender el paquete de apoyo político a nuestra revolución como un paquete comercial, que se compra o no. Todo gobierno tiene derecho a señalar las cosas en las que no está de acuerdo con otro. Lo que nos interesa, fundamentalmente–-y en eso la posición del presidente Alan García me parece muy correcta– es concretar el apoyo al derecho de Nicaragua a preservar su independencia y su soberanía. Punto básico con el cual Felipe González no está en desacuerdo.

– En América Latina todo el mundo defiende la autodeterminación y la no intervención. Pero, en los hechos, es la política interna de cada gobierno la que define el grado de defensa real de esos principios. En el caso de Granada, difícilmente puede recordarse alguna opinión latinoamericana favorable a la invasión. Pero es difícil, también, descubrir alguna posición de defensa combativa de la no intervención. Así, al nivel de los principios, Uds. no van a encontrar problemas. Pero si los van a encontrar en la proyección hacia afuera de la política interna.

Correcto. Nosotros no rechazamos el apoyo crítico. Pero, según una posición extrema, es difícil mantener la soberanía de Nicaragua por el tipo de proyecto político que estamos realizando. A lo largo de seis años, nosotros hemos hecho grandes esfuerzos para consolidar un proyecto nacional de carácter democrático, con todas las dificultades que tiene. Porque es una elección consciente, en medio de todas las dificultades, de la guerra. Pudimos haber elegido otro modelo y ser aceptados así. En África muchos países tiene el modelo de partido único, líder único, sociedad cerrada y nadie los cuestiona a la hora de tener relaciones diplomáticas o políticas.

– Entre quienes critican la política interna de Uds. está Carlos Andrés Pérez. No asistió a la toma de posesión de Ortega, según dijo, por sentirse defraudado por la falta de condiciones para el juego político, antes de las elecciones. Y hasta se hizo cargo del riesgo de que su critica sirviera como pretexto “al intervencionismo descarado”…

– Yo no usaría esa declaración. Hay otras mas recientes de Carlos Andrés Pérez, mas claras, aludiendo a las posibilidad de una intervención en Nicaragua y a lo que debe hacer América Latina, que es lo que nos interesa realmente. Creo que un régimen como el de Venezuela, difícilmente se podría instalar en mi país.

– ¿Contemplan Uds. la formación de un Estado tipo democrático occidental, en el cual los aparatos armados –Policía, FF.AA– no se identifiquen con el partido gobernante?

El problema es que nuestra revolución solo tiene seis años. Poco tiempo para juzgar un modelo, máxime cuando estamos sujetos a un enfrentamiento con los EE.UU. El nuevo Ejercito no surgió de la nada ni se formó con marcianos, sino que con la gente que derrocó a la dictadura. Además, el frente sandinista tenía las armas porque el sistema democrático- occidental no funcionó en el país durante cincuenta años. Juzgar, en este momento, que en Nicaragua existe la semilla de un Estado Totalitario, con un partido que tiene un brazo armado, es un juicio subjetivo. Otra cosa es juzgar que estamos en una transición hacia un régimen democrático nuevo, con una serie de valores que se van a establecer a largo plazo. El ejercito se llama sandinista por estas circunstancias, así como la capital de EE.UU. se llama Washington. Porque fue el quien tomó las armas contra la opresión británica.

– Existe una norma según la cual la denominación “sandinista” solo puede ser usada por Uds.

– Por el Frente Sandinista. Sí, es una disposición de los primeros años. Fue la respuesta a una situación coyuntural, cuando todos se reclamaban sandinistas. Eso no implica definición formal a largo plazo, aplicada a lo político.

– Concretamente, en la democracia nueva que Uds. visualizan, ¿se permitirá la participación en igualdad de condiciones de los distintos partidos políticos, aceptando la alternancia en el poder? ¿Con un ejercito que no sea del partido?

– Evidentemente, es el modelo que buscamos. Eso va a quedar reflejado cuando en la nueva constitución. Los partidos participan en las elecciones porque quieren ganarlas. O llevar adelante un proyecto político distinto al del Frente Sandinista. Si no, el pluralismo político sería una burla

– ¿No más entonces, esa desafortunada frase, según la cual el poder no se rifa en elecciones?

Sí, claro. Esa frase de 1980 tuvo que ver con otras circunstancias. Cuando se nos alegaban las elecciones con el pretexto de que el Frente Sandinista no tenía legitimidad cuando tomó el poder. En las elecciones del 4 de noviembre participaron siete partidos y lograron 30 de los escaños de la Asamblea Nacional. Este es un hecho.

– No participó la Coordinadora Democrática

– Porque no quiso. Era parte de un proyecto norteamericano de boicotear las elecciones.

– Quisiera plantearle el escenario más dramático. Y más negativo, desde el punto de vista del principio latinoamericano de la no intervención: se produce la intervención militar de los EE.UU. Y de acuerdo con las lecciones históricas, sería para ganar, no para empatar. Uds. no tendrán ayuda militar de Cuba ni de las URSS. ¿Cuáles son, en este escenario, las previsiones militares de Uds.?

– Es un escenario difícil, pero no insuperable. Nosotros no nos vamos a regar por el mundo como una diáspora, quejándonos porque nos invadieron, en un lamento internacional hasta el fin de siglo. Vamos a quedarnos a pelear sin abandonar una pulgada de territorio. Por grande que sea el poder de un ejercito extranjero invasor, no podrá estabilizarse. Según un general norteamericano, se necesitan 300.000 hombres para invadir Nicaragua. Ya el hecho de tener que meter 300.000 hombres sería una derrota política para una potencia mundial. Desestabilizaría toda el área centroamericana. De manera que eso seria un desastre para Nicaragua, pero también sería un desastre descomunal para los EE.UU.

– ¿No se han dejado acorralar entre los extremos de la capitulación y del holocausto heroico?

– Ninguno de esos dos extremos. La capitulación no existe y no estamos hablando de una inmolación, de un harakiri. Eso es un error muy importante. De lo que se trata es de defender al país, sobrevivir y expulsar a los invasores. Esa es nuestra opción en caso de invasión. Ni capitulación ni un heroísmo que no sirva para nada… tampoco la 

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