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Las PASO en Argentina: Heinrich Sassenfeld

Las Primarias realizadas el 12 de septiembre en Argentina nuevamente ponen en duda la validez de este ejercicio. Son más bien encuestas gigantes de un alto costo y un ensayo poco clarificador de lo que puede ocurrir en las elecciones parlamentarias en dos meses. Por un lado, no existe la obligación de presentar varios candidatos de un partido. Esto pasó en la mayoría de las provincias con el gobernante “Frente de Todos”. Sus simpatizantes no tenían un gran incentivo de concurrir a las urnas. Si en cambio hay competencia, no hay claridad de lo que pasa con los votantes de un candidato perdedor.

¿Elegirán en noviembre el ganador de su conjunto? Básicamente los resultados comprueban lo adelantado en el número anterior de RyP. La abstención llegó al 32,5%. Si se agregan los votos nulos o en blanco, más de 4 millones de argentinos expresaron su desinterés o malestar por la política. El gobierno se llevó la peor parte: perdió alrededor de 5 millones de votos. Pero a “Juntos por el Cambio” tampoco le fue espectacularmente bien. Mantuvo en términos absolutos sus votantes y una menor parte de su potencial fue a candidatos ultraliberales. La Izquierda se fortaleció como tercera fuerza en el país.

Para el gobierno, sonaron las alarmas no solo por el resultado general. En su baluarte, la provincia de Buenos Aires, perdieron por cinco puntos, cuando habían esperado una clara ganancia. La vicepresidenta reaccionó contundentemente. Por carta pública exigió al presidente Alberto Fernández un cambio de gabinete, y más: un cambio de la política económica. Él reaccionó de la manera esperada y le hizo caso. Lo apurado e improvisado de su decisión se vio de inmediato: el canciller Felipe Solá recibió la noticia de su despedida en un vuelo a México, donde iba a participar en la cumbre de la CELAC y donde Argentina iba a asumir la presidencia. Por lo demás, el nuevo gabinete refleja una orientación moderada con ministros políticamente experimentados y muy bien vinculados con el empresariado pro peronista.

El gobierno tiene dos cartas en la manga para mejorar los resultados electorales. El proceso de vacunación marcha a todo vapor y se estima que más del 50% de la población habrá recibido la doble dosis hasta la fecha clave. La caída en infectados y muertos por Covid-19 son otros signos positivos en este campo. La economía de por sí había mostrado ya algunas mejoras en los últimos meses. En las próximas semanas, se activa una serie de medidas, para que la gente sienta “más plata en el bolsillo”: aumentos para jubilados y beneficiarios de planes sociales, créditos subsidiados para PYMEs, reducción de impuestos para la clase media. El Ministro de Economía tiene ciertas reservas financieras. Sin embargo, la necesaria emisión monetaria llevará muy probablemente a una aceleración de la inflación, que se sentirá recién después de las elecciones.

Con este panorama, el gobierno quiere movilizar gran parte de sus potenciales votantes. Espera mantener por lo menos su quorum en la cámara de Senadores y achicar la previsible perdida en Diputados. Con ello, no basta para poder implementar las grandes reformas pendientes: reestructurar el sistema judicial y establecer una reforma tributaria profunda.

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