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Negociaciones políticas complicadas en Alemania: Heinrich Sassenfeld

Las elecciones parlamentarias al Bundestag alemán del 26 de septiembre han dado algunas sorpresas desconocidas en tiempos anteriores.

En primer lugar, la fatiga política tan comentada en muchos países no afectó a los alemanes. Por la pandemia, más del 40% de los votantes aprovechó el sistema electoral por carta. En total, una participación del 78% no se había visto por mucho tiempo. En segundo lugar, los dos “Volksparteien” (partidos del pueblo), que dominaron la escena por décadas con resultados alrededor del 40%, ya no son lo mismo. Si bien los socialdemócratas (SPD) salieron de su punto de máxima debilidad, llegaron con apenas el 25,7% al primer lugar. Sin la carismática Angela Merkel, la democracia cristiana (CDU) perdió casi 9 puntos y quedó con 24,1% segundo. Luego, siguen tres partidos medianos con dos dígitos: los “Verdes” con 14,8%, los Liberales (FDP) con 11,5% y los ultranacionalistas (AfD) con 10,3%. El ex partido comunista (Die Linke) perdió mucho, quedó por debajo del 5% e ingresa al parlamento sólo por el hecho de haber ganado tres mandatos directos.

CDU y SPD están cansados de ocho años de gobierno juntos y no quieren más de lo mismo. Esto significa que una coalición de mayoría absoluta requiere tres partidos. Ahí espera la siguiente sorpresa. Si los ecologistas y los liberales se ponen de acuerdo, serán la parte ganadora, pues pueden invitar a cualquiera de los dos mayores para formar el gobierno. De esta manera puede ocurrir el absurdo: que el perdedor CDU coloque nuevamente el canciller. Hay otro aspecto notable. En la campaña los candidatos tuvieron mucha influencia, lo que explica el mal resultado del CDU y el crecimiento del SPD. Para formar una coalición, en cambio los programas políticos vuelven al primer lugar. Entre los “Verdes” y el FDP hay diferencias fuertes en las políticas económicas (rol del estado, tributación, inequidad). En cuanto a las modernizaciones ecológicas y digitales, ambos difieren si el estado o las empresas deben tomar el liderazgo. En caso de que no lleguen a acuerdos, la última opción sería la repetición de la gran coalición, esta vez liderada por el SPD. Pero el afán de los partidos mencionados de aportar al futuro político de Alemania hace suponer que encuentren una base común. Más allá de su propia negociación tienen que encontrar suficientes elementos conjuntos, o con el CDU o el SPD, que tiene con Olaf Scholz un experimentado negociador.

En buenas cuentas, se puede demorar un buen tiempo hasta que se logre un acuerdo en uno u otro sentido. Las concesiones por todos lados pueden implicar que las modernizaciones no serán tan nítidas como se requiere. El nuevo comienzo, que gran parte de los votantes más jóvenes espera, no será tan espectacular. Otro problema es la ausencia temporal de Alemania en la política internacional, cuando el futuro de la Unión Europea, el debate sobre la OTAN y los flujos comerciales con EE.UU., China y Rusia están en juego. No puede haber peor momento para estas indecisiones políticas germanas.

Lo tranquilizante es que, mientras tanto, Angela Merkel seguirá administrando el país.

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