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Sequía en Chile: Mario Silberman

Agua que no has de beber no la dejes correr. Luego de una década de sequías que tiene a Chile en crisis vale modificar el proverbio. Se ha perdido el clima mediterráneo que nos bendecía. El fenómeno es global, afecta a muchos países. En otros hay huracanes e inundaciones. Sequías y periodos lluviosos se han alternado en la historia, los menciona incluso la Biblia. Los actuales, muy extremos, se atribuyen a la acción de la Humanidad, al Antropoceno. Se requiere revertirlos, lo está exigiendo urgente la ONU y los compromisos de las COP. Para muchos expertos este difícil trance deriva del aumento de población, que ha pasado en un siglo de 2.000 millones de humanos a 7.500 millones y llegará a su pico de 10 mil millones en 2100. Para alimentarnos o residir hemos expandido las áreas de cultivo, deforestado, multiplicado el uso del agua, despojado a especies de su sustento y hábitat, y por contacto zoonótico importamos pestes como el Covid-19, que no será la última.

Respecto a Chile, el sector agrícola es el mayor consumidor, con un 72%. Luego el agua potable 12%, la industria 7%, y la minería 4%. Otros sectores –incluyendo generación eléctrica– el 5%. Las autoridades bregan por contar con una autoridad centralizada ya que hay 43 organismos con injerencia. La iniciativa Escenarios Hídricos 2030 de la Fundación Chile y AVINA explica que estamos en una situación de sequía como fenómeno meteorológico, y de escasez como desbalance a largo plazo entre oferta y demanda. 76% de la superficie chilena está afectada por sequía, desertificación y suelo degradado; la totalidad de los glaciares están en retroceso y la mayoría de los acuíferos se encuentran con demanda superior a su recarga. Según el balance hídrico DGA (2020), los caudales del Aconcagua, Maipo, Rapel, Mataquito y Maule han disminuido hasta en 37%. Hay que resaltar que se le presta atención a lo que enfrentamos, siendo tema considerado por las candidaturas presidenciales. Se debe mantener la promesa de ser potencia agroalimentaria pues exportamos 16 mil millones de dólares, una enormidad que se esperaba doblar, que mejoró el nivel de vida en el campo y por la que contamos con una cadena logística de alta tecnología de cosecha, empaque y embarque que irradia a toda la economía.

Destacando que el uso humano es la prioridad, las medidas a tomar son claras: establecer uso límite por habitante o actividad; reutilizo circular (ejemplo: el agua de uso humano puede reciclarse a riego o industrias); utilizar crecientemente riego tecnificado que permite iguales rendimientos con una fracción del riego; reducir la cantidad de agua por proceso productivo; retener parte de los cursos sin descuidar el cauce natural de los ríos que transporta elementos orgánicos y minerales que requieren los suelos (se logra con mini embalses en los territorios; las antiguas represas provocaron disminución de peces, daño al medio ambiente); recuperar los glaciares; construir en algunas zonas desaladoras eficientes en energía y desecho de salmueras; recargar acuíferos; entregar manejo y cuidado de cuencas a los usuarios locales que son quienes las conocen y pueden gestionar adecuadamente como ecosistemas críticos para sostener el ciclo hidrológico.

En suma aprobar e implementar las soluciones pues ya hay suficientes consensos.

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