

El pasado viernes 2 de octubre, se realizó la segunda sesión del Ciclo de Conversatorios Democracia y Cambio Climático: Una mirada local, titulada "Las asambleas deliberativas sobre cambio climático: ¿innovación democrática o gobernanza tecnocrática?", con la exposición del Dr. Leonardo Cofré Pérez, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, y la moderación de la Dra. Pilar Moraga Sariego, directora del Centro de Derecho Ambiental (CDA). La actividad se enmarca en el trabajo del Observatorio de la Ley Marco de Cambio Climático, en colaboración con el Centro de Derecho Ambiental, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) y la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile.
La sesión estuvo dedicada a presentar los avances de la investigación del profesor Cofré sobre las asambleas deliberativas en materia climática, desarrollada desde la teoría democrática deliberativa, y cómo la experiencia comparada podría servir de referencia para la democracia local en Chile. Según explicó la profesora Moraga al inicio de la actividad, el tema cobra especial relevancia en el contexto de la implementación de la Ley N°21.455, Marco de Cambio Climático, que otorga un rol relevante a los gobiernos regionales y locales en la elaboración y ejecución de los planes de acción de cambio climático regional y local.
El profesor Cofré comenzó su exposición abordando lo que la literatura ha denominado el «dilema verde»: los problemas ambientales, y en particular el cambio climático, son complejos y exigen soluciones sustantivas, pero los sistemas democráticos llegan a ellas mediante procedimientos que no necesariamente aseguran dichas soluciones.
A ello sumó algunas limitaciones de la democracia representativa frente a la crisis climática, entre ellas, los ciclos electorales cortos, que pueden incentivar decisiones de corto plazo; el poder de veto de intereses poderosos; el límite territorial de las decisiones, que dificulta las soluciones transfronterizas; y la escasa consideración de las generaciones futuras, que no participan de los procesos electorales y que probablemente enfrentarán una parte importante de los impactos del cambio climático.
Frente a este escenario, se refirió al "atajo autoritario", entendido como la idea, sostenida por un grupo reducido de científicos, de que una respuesta tecnocrática o con menos democracia podría ser más eficaz. El profesor Cofré sostuvo que la evidencia apunta en sentido contrario, pues el pluralismo y la posibilidad de crítica propios de la democracia permiten incorporar diversos conocimientos y perspectivas que pueden contribuir a mejorar las respuestas frente a estos desafíos.
Posteriormente, distinguió entre la democracia ambiental, de carácter reformista y orientada a mejorar las instituciones existentes, y la democracia ecológica, de carácter más radical, que incorpora voces no humanas y propone una agenda más transformadora. A su juicio, ambas son complementarias y no sería posible avanzar hacia la segunda sin antes contar con una democracia ambiental capaz de responder de mejor manera a los problemas actuales.
En este marco, expuso los aportes de la democracia deliberativa, que busca complementar la democracia representativa poniendo el foco en procesos de decisión reflexivos, en los que las preferencias no vienen predeterminadas, sino que pueden modificarse mediante un diálogo inclusivo.
Explicó que, desde esta perspectiva, la deliberación puede contribuir tanto a una mayor legitimidad de las decisiones como a mejores resultados sustantivos, a partir de la idea de «inteligencia colectiva». En este sentido, señaló que la deliberación permite pensar más allá del ciclo electoral, establecer una relación virtuosa entre el conocimiento científico y los saberes ciudadanos, disminuir la influencia de los grupos de interés y acercar a la ciudadanía y sus representantes, abordando así algunas de las limitaciones identificadas en la democracia representativa.
Como una de las instituciones desarrolladas por esta teoría, destacó los mini públicos, espacios en los que personas seleccionadas mediante sorteo, con el apoyo de expertos, deliberan sobre un asunto específico. Indicó que estos mecanismos presentan un potencial de gobernanza, al aportar respuestas para las políticas públicas, y un potencial emancipador, al generar reflexiones que pueden ir más allá de aquello que proponen los representantes electos.
Si bien se trata de instituciones todavía experimentales, advirtió que uno de sus principales desafíos consiste en pasar de una escala reducida a la democracia masiva. Sobre estos mecanismos ha profundizado en su libro “Participación, deliberación y constitucionalismo”.
Respecto de las asambleas climáticas, el expositor se refirió a tres casos paradigmáticos de Europa: Irlanda, Francia y el Reino Unido, que tuvieron distintos diseños y diferentes relaciones con las instituciones representativas. Aunque su impacto aún es incipiente, señaló que estas experiencias han generado propuestas con potencial transformador de largo plazo. Asimismo, comentó la Asamblea Global sobre la Crisis Climática y Ecológica, realizada en el marco de la COP 26 de Glasgow en 2021.
Para finalizar su exposición, el profesor Cofré planteó que el éxito de estas innovaciones depende de su relación con la voluntad política de las autoridades, pues a mayor compromiso de la autoridad, mayores son las posibilidades de que sus propuestas prosperen. Sin embargo, advirtió que esa vinculación puede desactivar el potencial emancipador de estas instituciones y transformarlas en un elemento más de gobernanza tecnocrática o de participación tradicional, lo que constituye, a su juicio, uno de los principales desafíos.
Posteriormente, la profesora Moraga abrió el espacio de comentarios y preguntas. Recordó un estudio realizado hace un tiempo sobre gobernanza policéntrica, cuya conclusión señalaba que los mecanismos de participación ciudadana en Chile se encontraban alejados de modelos como el suizo, y consultó si las condiciones normativas y culturales del país permiten avanzar hacia modelos más deliberativos.
En ese contexto, se refirió a las mesas territoriales de acción por el clima, creadas por la Ley Marco de Cambio Climático, que pueden proponer medidas y acciones y participar en la elaboración de los planes de acción regional. Si bien estas instancias aún se han desarrollado de manera incipiente, planteó que podrían constituir un germen del modelo expuesto.
Al respecto, el profesor Cofré valoró esta figura como una oportunidad para profundizar la democracia y acercar la toma de decisiones a la ciudadanía. Explicó que, mientras mayor sea la deliberación existente en una sociedad, mayor puede ser su reflexividad ecológica y mejores sus posibilidades de generar respuestas frente a los desafíos ambientales.
La profesora Moraga agregó que la función de las mesas territoriales podría constituir un canal directo de influencia para la sociedad civil, considerando que en las consultas públicas participan habitualmente actores altamente informados, como empresas, gremios y académicos. En ese sentido, estas instancias podrían contribuir a recoger de manera más directa el conocimiento local sobre los territorios.
Por su parte, el profesor Cofré señaló que la participación en materia ambiental es de las más desarrolladas, pero que habitualmente participan “los mismos de siempre”, es decir, personas directamente interesadas y comunidades organizadas que cuentan con recursos para participar. En ese sentido, indicó que la lógica de las asambleas por sorteo se conecta con el potencial de las mesas territoriales, pues permite incorporar a ciudadanos que habitualmente no participan de estos procesos.
A continuación, el Dr. Samuel Ruiz-Tagle, académico del CDA, consultó por el rol del conocimiento experto en las asambleas, por el carácter vinculante o no de sus propuestas y el riesgo de crear un nuevo actor con poder de veto. Además, planteó la llamada "trampa local", consistente en asumir que las comunidades locales siempre saben mejor lo que les conviene, cuando quienes participan en los niveles regional y nacional también cumplen un rol fundamental.
El profesor Cofré señaló que estas cuestiones forman parte de una discusión permanente en el diseño de estas instituciones. Explicó que los mini públicos contemplan una primera etapa informativa, en la que expertos presentan distintos antecedentes y perspectivas provenientes de la ciencia, sin que ello implique que los especialistas deban tomar todas las decisiones. En este proceso, agregó, el conocimiento situado y la ciencia participativa pueden complementar el conocimiento científico.
Reconoció, sin embargo, que abrir el espacio al conocimiento no experto conlleva el riesgo de que surjan discursos contrarios a la existencia del cambio climático. Frente a ello, sostuvo que la respuesta no es cerrar la puerta a la democracia, sino construir más democracia.
A propósito de este punto, la profesora Moraga señaló que se ha promovido la participación de científicos en las consultas públicas de la política climática, lo que ha permitido que estas instancias funcionen como un puente entre el conocimiento científico y la política pública.
El profesor Ruiz-Tagle añadió el caso de estudios sobre el fracking en Inglaterra, en los que las propias comunidades locales pedían mayor participación de expertos, y planteó que muchas veces los ciudadanos prefieren delegar la decisión. Al respecto, el profesor Cofré indicó que siempre habrá personas que no quieran participar y que obligarlas sería contraproducente. Por ello, sostuvo que la tarea consiste en persuadirlas de que un mayor involucramiento en los asuntos públicos puede generar beneficios tanto individuales como sociales.
Al cierre de la actividad, la profesora Moraga agradeció al expositor por sus reflexiones y la recomendación de su libro Participación, deliberación y constitucionalismo, y anunció que la próxima sesión del Ciclo de Conversatorios «Democracia y Cambio Climático: Una mirada local» se realizará el viernes 16 de octubre.

